En la práctica, esta propuesta supone condenar a los escritores a la autoedición en un mercado atestado de creadores que, sin orden ni concierto, se desgañitan por vender sus obras a cuatro amigos que al final, hartos de tanta payasada, acabarán leyendo Anna Karenina. (Andreu Jaume en El ágora digial)En mi opinión, la idea básica del artículo es que el filtro del editor permite asegurar la calidad de la obra literaria ya que el público en general no es adecuado para juzgarla. Por otro lado, la ausencia de editores, o la dispersión de la crítica en "múltiples blogs" provocarían algo así como una especie de uniformización de la oferta, ya que el lector potencial no sabría distinguir entre una obra maestra y la última redacción del colegio de su hijo.
Creo que en el artículo se mezclan dos conceptos de editor:
- El editor como experto seleccionador de obras, o como crítico, que es capaz de asignar un valor literario a los textos y hacer esa distinción. Esa función no tiene por qué desaparecer, ni creo que nadie la rechace. Todos necesitamos que nos ayuden y eduquen en distinguir el grano de la paja. En realidad es una función más necesaria que nunca.
- El editor como "fabricante y distribuidor" de libros, que es una cosa diferente y que es la función que Internet puede revolucionar. ¿Cómo? Las nuevas formas de negocio permiten que una editorial no necesite ser grande o estar integrada en un gran grupo (como es el caso de Lumen) para funcionar y hacer sus propuestas literarias.
El elemento clave es el de reputación. En el libro físico, buena parte de la reputación está relacionada con el poder económico de la editorial. ¿Por qué, si no, las editoriales más potentes se han dedicado a comprar otras más pequeñas? Pues para hacerse con su reputación, a golpe de talonario. Con dinero, se crean todos los clásicos que haga falta y, si no, miremos los premios Planeta.
En Internet una editorial pequeña podría crearse una gran reputación sin necesidad de grandes medios, únicamente a través de un trabajo editorial (crítico) basado en criterios literarios y no económicos. En contra de la opinión del articulista, creo que los nuevos modelos de negocio en Internet hacen posible esa tarea editorial deseable de separar lo que merece la pena de lo que no.
Una editorial de prestigio como Lumen no ha podido funcionar en el mundo editorial "físico" sin haber sido absorbida por un conglomerado editorial, para convertirse en un "sello" y compartir catálogo con una editora de best-sellers como Plaza y Janés, por poner un ejemplo. Si Lumen puede mantener su criterio literario y su reputación bajo esas condiciones es estupendo, pero hay que ser conscientes de que, a su modo, está mezclada en un mar de sellos de diferente calidad literaria.
Quizá si el libro electrónico hubiese llegado antes...
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